Bailábamos sin pensar en lo que hacíamos. Porque no podíamos pensar, solo podíamos sentir. Me aparte un segundo de la muchedumbre para darme un respiro, y mirando desde lejos me encontré con sus ojos. Me sonrió y yo a él. Empecé a imaginar miles de escenas para los dos porque así soy yo, soñadora. Cuando menos lo espere, me encontraba enredada entre sus brazos y sus piernas.
“Sera la locura que nos hace bailar”… y la maestra nos decía: la distancia hace al apasionante reencuentro de los cuerpos que frenéticos se mueven de una forma distinta.
Y bailamos amándonos sin amor.