lunes, 21 de marzo de 2011

so hush, little baby ...

La canción se repite. Porque yo decido escucharla y ver como en pocos segundos la piel se me eriza, los ojos se me nublan, la cabeza se llena de fotos. Hoy empieza el otoño. Si, equinoccio del 21 de marzo, pero en el 2011. Nada tiene de parecido a otros equinoccios vividos; nada comparado con ESE.
Y los recuerdos juegan un papel fundamental, porque componen un cuadro de bellos colores que adoro ver, pero me estremece y hasta me hace doler… ay, ay, es literal y aun así no puedo describirlo con palabras porque me sumerge por completo en un estado de satisfactoria agonía. El Sol otoñal, cálido refugio para seguir resistiendo, mientras sigo con la memoria esas fotos desteñidas del pasado. Que muestran la mejor cara de una autentica felicidad. Yo era la protagonista. Ahora entiendo, en esos momentos pintamos las cosas más hermosas para contemplarlas en el futuro (incierto), sin darnos cuenta que quizá no volveremos a vivirlas de esa forma. Y no. El instante es verdadero, porque es en absoluto, eternamente único e irrepetible. Ni pensarlo si miro retrospectivamente el pasado. un otoño… ESE. Mezcla de un perfume en tu piel que a veces, era dulce, embriagador (como sahumerios de sándalo), con los besos, la música, la canción, el amor y la voz que cantaba.



Lo único que aun puedo tener cerca es a Louis que sigue diciendo “don’t you cry… “. Y me lo repite las veces que quiero, porque yo decido escucharlo y vivir hoy, un pedacito del otoño que fuimos ayer.