miércoles, 20 de abril de 2011

Pero no es más que eso, un alma casi muerta y casi viva. Un corazón marchito y un cuerpo muerto.





Creo que entendí como fue la situación. Si mal no recuerdo en nuestra última charla profunda (que como mucho fueron 2), me dijo que sin mi permiso se iba a encargar de robarme ESO que era mío y de nadie más. (Si de robar se trata es el mejor, y por supuesto para eso no hay que pedir permiso).
Los que saben del tema me contaron que es en el perfume donde se aloja el alma. Es la esencia de la persona que única e irrepetible, vive en nuestra piel, en nuestro pelo y respira con nosotros hasta que dejamos de hacerlo… el quiso capturar la esencia de mi ser. Y lo logro. Necesitaba matarme para eso, porque no hay otra manera de preservar el alma de una rosa si la rosa aun florece. No hay que dejarla marchitar, hay que tratarla con cuidado para que lentamente detenga su respiración y en el último suspiro, quitarle ese aroma. Ese perfume que invade los sentidos y nos llena de cosas lindas, de recuerdos y memorias…