Y me sorprendo a mí misma, en la oscuridad, mientras me asusto de ver como más de una vez puedo predecir la manera de actuar de los otros ante mí. Ellos son predecibles. Y me culpo a mí (de nuevo) por haber maldecido a la vida, derramado lagrimas (misdiamantes), gritar a mi almohada, incinerarme por dentro (sequemaelespiritu), y hasta sentirme morir... cuando ya nadie ante mi acudía.
No hay que esperar nada de nadie. Así no se sufren decepciones.