domingo, 3 de abril de 2011

Yo y mi chica.

No se parecía a nadie. Todo en ella era original. Era infantil, de un infantilismo genial. Supersticiosa con supersticiones propias, que se inventaba. Temerosa, veía el mundo como una cosa incomprensible, que depara sorpresas espantosas. Una niña grande. El mundo la hacía sufrir mucho. Se la puede imaginar a ella en su literatura, pero no en todo. Tenía mucho humor, pero un humor cruel. Pero no podía contener la visión cómica, se reía de todo. En todo lo cotidiano podía haber sorpresas espantosas. Ella jugaba, pero también sufría. También tengo culpa: yo no le pude dar seguridad a ella, que era tan insegura; yo no era domestico, eso la hacía sufrir. No me juzgaba desde la moral tradicional, pero me quería y entonces, me quería para ella sola.