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No sabía por dónde empezar. Siempre pensó para sus adentros que lo más difícil de todas las circunstancias por vivir, eso era lo peor. Comenzar. Cuando te falta motivación, decía, ¿qué es lo que puede generar, cual puede ser el motor? La entiendo.
Se sentía sofocada y abrumada ante tanta calma… y en algún nivel inconsciente eso la asustaba. Todo el mundo por instinto animal entiende que la calma máxima antecede un caos reprimido. Contenido y disfrazado de quietud.
Por supuesto ese día no fue la excepción.
La noche anterior se puso a ver un DVD de Radiohead, Live in Japan… porque es como un pseudo fetiche que tiene. Para volarse la cabeza un ratito, total un domingo a la noche es como patológico que el espíritu decaiga. Por lo menos ella funciona así, es tan predecible.
Amaneció con la cabeza puesta al revés… más torcida que de lo normalmente retorcido de su forma de ser, y así le fue. Explotó. La calma una vez más predijo que una bomba cargada de frustraciones iba a estallar en su interior. Le chorreaban las orejas, la nariz y los ojos. Todo le lloraba y abría la boca para gritar porque adentro suyo algo se ahogaba y convulsivamente se retorcía para liberarse. Que feo, ahora pienso. Pobrecita.
Cuando ella dice que está loca no lo dice para calificarse de liberal y copada. Tiene problemas de verdad. Y yo… yo la tengo que ayudar.