La metamorfosis implica un cambio drástico. Dejar de ser una cosa para pasar a ser otra. Nadie dijo que era simple, rápido, indoloro, cómodo… más bien todo lo opuesto a eso.
[Si, por algo será no?]
Una mañana muy fría y el cuerpo descargando su peso sobre el colchón. Su peso, justamente eso, la hundía en un abismo profundo con forma de remolino de colchas y sabanas y almohadas y frio húmedo. La cabeza de una densidad considerable, debatía entre el letargo del sueño opiáceo y la electricidad de los constantes pensamientos que al igual que el remolino de colchas, era una tormenta que provocaba una terrible jaqueca acompañado de un desorden capilar, épico. Nido de pájaros. Era como un espíritu maldito el que la ataba con sogas invisibles y le limitaba los movimientos. Se hacía pis y no podía despegar la nuca de la almohada… Minutos tarde, en el baño se miró en el espejo y sin sorpresa, la nada misma que le devolvía la imagen opuesta le hizo recordar que cuando sos invisible no te reflejas. Y ni siquiera tu sombra te sigue el ritmo.
“Y todo esto para qué? No era que tenía una razón de ser?”
[Y vos tenes una razón de ser? Que sos? Quien sos? Que querès ser?]
“… yo, yo quiero. No. No me gusta el verbo “querer”… me suena a posesión.”
[Y entonces?]
“Y entonces no sé… porque la metamorfosis hizo de mi algo que jamás imaginé. Y no sé quién soy, ni porque estoy acá. Ni el espejo, ni la vida o el cosmos me dan una respuestas. Y cuando me dicen que esta todo dentro mío, solo pienso en comprar una pala lo suficientemente grande para poder escarbar muy profundo.”
