domingo, 25 de septiembre de 2011

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En septiembre sucede un equinoccio para ver florecer la tierra dormida del anterior invierno. El agua escasea hoy pero tiene tanto de humedad porque el llanto es inminente. Hace falta más fuerza de titán para contener lágrimas que destruir una pared o empujar una mesa llena de libros. Y aun así, tanta humedad actual trae la angustia en ese sabor de mar, pedacitos de océano. No es para menos, la ansiedad y el miedo de no querer ahogarse allí; las bocanadas de aire pueden ser el salvavidas o el suspiro delator de esa tristeza primaveral. Asma crónico. Todo eso que no entendes pero sabes reside en un túnel, al final, oscuro, humedad de turbios líquidos memoriales. Los recuerdos de la infancia temprana suprimidos o modificados se chorrean con los años. No huelen mal pero son un poco incómodos y cuando quieren salir, en vez de vomitarlos los presionas y se te comprime el pecho. Eso y cuando el ozono esta de huelga y la presión atmosférica relajada, tus pulmones sufren de claustrofobia y mandan al gato para avisarte que les abras la ventana. Mental hecho para catalogar clínicamente desatenciones preconcebidas al ras del amor poco crédulo antes de su nacimiento. Si de verdad ella eligió porque venía preparada de años luz para el desafío, se equivoco terriblemente en los cálculos. Puso más tierra pero un poco seca regada en agua amarga y casi nada de reparo protector de cierto donante fertilizador desinteresado. Un producto casi transgénico pero no letal ni extravagante en color y tamaño.

Una flor, al final del día por más retorcido que sean los cálculos. De la tierra ensemillada con un poco de luz brota hasta el ser más minúsculo en este planeta. Y quizá su existencia en este sea una mínima parte de lo que verdaderamente es.
Por minúsculo y verdades aun no reveladas la existencia exige mucho más que simple supervivencia. Mas. Tener un corazón débil, unos pulmones con claustrofobia, una galaxia en la cabeza y la memoria, un pozo ciego generador de incógnitas.


No es todo una tragedia. Si así fuera la simpleza seria un hecho, no por eso poco entendible, si una costumbre. Pero el caos es virtud y a la naturaleza drástica de esos mal consumados desaciertos preconcebidos así lo quiso, hasta el día que la materia de su ser se haga parte del viento y de la tierra.