Hacia muchísimo tiempo que nadie pronunciaba su nombre, por lo menos no con todas sus letras en el orden correcto. Verbalizarlo sigue siendo la manera de darle vida a pesar de que nunca murió. Es traerlo a un espacio del aire pero tangible. Sonó cruel la respuesta, pero ella quería saber si era verdad que ya no sentía. Cuando usas el sentimiento para limitarlo a que sea algo bueno. A que sea amor por el otro.
-No. No siento nada. Y yo no tengo necesidad. Me hago cargo en cada instante, que sufrí, cedí, lloré porque elegí. Porque quise hacerlo feliz. Pero no necesitaba usarlo de medicina. Yo me enfermé y fue entonces cuando entendí que tenía que repararme antes de seguir.
-Hay una parte de la historia que fue omitida, y creo que algún día se va a reanudar. Tuvieron mala suerte…
-No lo creo. Nunca “tuvimos”. Enfrentarnos el uno al otro fue como mirarnos al espejo bajo una luz muy nítida y brillante. Descubrimos así que estaba todo en nuestro interior. Cada uno por separado en las inmensas posibilidades de transitar un camino de sanar.
-Él sigue teniendo miedo hasta de su propia persona.
-Nunca entendió nada. Pero aún así sigo deseándole que sea muy feliz.
