El último instante antes del acto final, y atormentada igual, buscó un poquito de refugio en la capacidad que no tiene de… de necesidad afectiva. Pidió encarecidamente un boleto hacia el progreso que la colocó en su habitación, decorada con la penumbra usualmente despojada de todo y nada más que ella abrazando una almohada. Soñaba despierta.
Resucitando de esos estadios en donde la bronca le dice susurrante: tontita, siempre terminas rogando migajas de cariño…
Fuego que recorre la garganta como si quisiera arder en las palabras que finalmente soltó en la vía publica cuando comprendió lo ingenuo y estúpido de su acto final… esperanzador.
No. La esperanza es el suplicio condenante de las ganas paralizantes de rendirse ante la sensación de fatiga y desgano, producto de la inestabilidad y el fucking entorno que no cambia nada.
Ella siguió cantando I’ll give you something to cry about, como predicción final de lo que sentía. Para volver a enterarse que la realidad no se alineaba con el pensamiento.
