La tarde la encuentra en una extraña forma de vacio autoprovocado. Esta y todas las horas de hoy se suceden raras al cambio. Como si eso fuera lo lógico, pero no. Acá todos transitan el letargo de la nebulosa en el hogar. Es el anaranjado de un rayo de Sol combinando con el olor a mandarinas en las manos. Es la música que se va armonizando con los brazos que hacen fuerza, soportando todo su peso al remar la inmensidad de las cosas. De tanto remover se han espesado. Ya no es igual a la pureza del comienzo de los días; hoy es equivalente a verla esforzándose de manera sobrenatural. Es la materia en densidad de formas. Se convirtió de lo bello y dulce en lo que termina de sepultarla.
El sepulcro es tu miel.
