La llave.
Quedó la llave olvidada sobre la cama semi hundida en torno a un cuerpo finito de terciopelo que le entregaba ese peso en el perfume que dejaste sobre las sabanas; y me di cuenta que estuviste ahí. Y las hojas revueltas con el efecto de tus ojos posados al azar sobre mis notas con las palabras dibujadas como los trazos indefinidos escritos en la oscuridad… miraste todo lo circundante y entendiste sin muchas ganas de entender. Cada una de las veces que me hablaste y en tu cuerpo se pegaba por la transmisión de descargas sentimentales que no te dejaban alternativa, más que seguir escuchando allí, esas ganas mías de decirte sin tantas vueltas: ¿por qué no podrías estar vos conmigo, justo acá?… Muy bajito te lo decía mientras disfrazaba ese tonto mensaje en canciones del momento que sentías, y veías pero elegías no creer del todo porque ya habías tomado una decisión y algún día se encontrarían… Allá.
Acá no puedo hacer pero puedo soñar despierta sobre despierta dentro de ese despertar que me hace respirar en un eternamente anhelo de algo con forma de entrego todo lo mucho que tiene forma de vos en mi cabeza, en un sincero abrazo; te daría uno y miles en el ocaso, en el día de lluvia que mas gotas tenga por salpicar.
