Un día me rompieron en la mano las promesas y mientras se destruían el sonido combinaba con la nota de los quiebres en mí, adentro y de tormentas. De ahí volví jamás a creer porque se evitaba la decepción y sus contraindicaciones que en su momento, pragmáticas, destruyeron mi coraza, exponiendo vulnerabilidades que colapsaron al aire; se me murió el encanto y la metamorfosis encausó a un monstruo poseerme…
Desquiciada exquisitez.
Fusionados mi espíritu humano y el monstruo, obnubilé lo que quedaba de cordura, en incipientes voces a mi mente. Alteré mi debilidad. Cree mundos paralelos para que seamos…
