Bailar es lo más parecido a vivir bajo el mar. Inhala, exhala y el movimiento se hace ritual como si las olas fueran y volvieran al ritmo de la marea. Transpira la piel que oxigena su pasado de triste con golpes que no dejan marcas visibles. El cuerpo solo es bello si dibuja el infinito, la cabeza y su cerebro estropean el trabajo. Pero lo que es realmente bello perdura, a duras penas. Después, el paraíso tiene forma de calle y no es paraíso más que el simple y cotidiano mundo de los mortales congregados en ciudad/civilización. Una escena romántica de ficción se asemeja a la realidad de una compañera de clase que es sorprendida por su novio extranjero de acento y el ramo de flores es más grande que la mitad de su torso alongado y la sonrisa de admiración y sorpresa deja el tácito te amo, mi vida. Era tan sincero que emanaba energía de amor verdadero y me tocó el peinado de bailarina y la espalda se contracturò por una cálida brisa que había olvidado sentir. Después abrí los ojos y por una ventana admiré las aves danzando en infinito el cielo. Inhala, exhala ozono de día gris que por favor nunca deje de llover. A mí que no me regalan flores a la salida en un amor verdadero y sincero,
