Dejá que me sorprenda. Que la expectativa no sature este sistema finito de posibilidades. Que mis propios anhelos no terminen limitando las maneras. Si hoy estas y mañana no lo sabré, prefiero no saberlo y sentarme frente a vos para contarte las pecas. O acostarme para sentir la parte tibia de tu espalda. Yo podría, sí, hoy no estas... hoy no hay nadie, y y nunca pensé que llegaría a figurarlo como real.
Quien entra y quien sale.
¿Donde se anuncian las ganas de un abrazo?