- Hola, que tal. Te voy a pedir que me traigas una taza de té... Una donde pueda ahogarme. No. Tranquilo, en realidad eso no puede pasarme, sé nadar muy bien. Son sólo ganas de refugiarme allí, en esa calidez... Quien pudiera sumergirse y flotar donde la humedad y la tibieza se tiñen de ámbar y certezas.
